Lic. Arturo Prins

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Lic. Arturo Prins

Autopistas para desarrollar el país

Autopistas para desarrollar el país

Arturo Prins
Arturo PrinsPARA LA NACION
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18 de abril de 2019  
En el Coliseo romano un pilar llamado "meta" marcaba la llegada de las carreras de cuadrigas. "Esa columna sólida, tangible -dice el abogado y economista Guillermo Laura- inspiró el nombre de la Fundación Metas Siglo XXI, que presido, donde proponemos metas concretas, con plazos ciertos de ejecución pues abundan buenos deseos, generalidades abstractas."
Una red de autopistas es la meta que, por su dimensión económica y de ingeniería, constituye el proyecto más importante que haya presentado una fundación en el país. Laura se inspiró en su padre, el ingeniero Lauro O. Laura, que con el ingeniero Pascual Palazzo proyectó las primeras rutas en los años 30. Sin recursos, Vialidad Nacional las construyó con un impuesto a la nafta. Desde 1948, por la inflación que aún perdura, el impuesto se desvalorizó y debilitó las obras , hasta que en 1957 se lo indexó y se construyeron 10.000 kilómetros. Nuestros déficits presupuestarios desviaron el impuesto a otros fines, deteniéndose los trabajos. Por ello la Fundación Metas sostiene que el problema no es técnico. sino económico.
Otro sistema de financiamiento es el peaje. Bien aplicado significa que un inversor privado hace la obra y recupera su inversión con el cobro del peaje. Pero debe tenerse en cuenta el caudal del tránsito automotor, denso en grandes ciudades y muy reducido en rutas interurbanas. Por el alto tránsito, en 3-4 años se construyeron por peaje las autopistas de nuestra capital (1980) y los accesos a Buenos Aires (1993). Estados Unidos, en cambio, con el parque automotor más grande del mundo, en los años 50 no pudo financiar por peaje la red de autopistas Eisenhower, por falta de caudal automotor. El Congreso aplicó un impuesto a la nafta que financió la obra, de gran impacto en el desarrollo del país. Alemania y China hicieron lo mismo.
Nuestro sistema de peaje permite que empresas concesionarias lo cobren sin hacer obras; destinan lo recaudado a mantenimiento (bacheo, señalización, corte de malezas). La Fundación Metas muestra que dichas empresas cobraron un millón de dólares diarios, durante 12 años, con "una inversión casi nula y peajes elevados en dólares". Por ello propone una red financiada como la Eisenhower, para construir 13.346 kilómetros en cuatro años, libres de peaje, sin costo para el Estado, que unirán las capitales de provincias, 1150 ciudades, centros turísticos, puertos y países limítrofes. Su costo (US$30.000 millones) se financiará con una pequeña tasa de un centavo de dólar por litro de nafta (que hoy cuesta más de un dólar) cada mil kilómetros, a pagarse una vez construidos. Hace tiempo que se recauda un mayor impuesto al combustible (US$4000 millones por año), por el que Vialidad construyó 29 kilómetros de autopistas por año. Así la red se concluiría en 460 años.
La nueva red generará 100.000 empleos y evitará el 87% de las muertes -la Argentina tiene muy alta mortalidad en rutas- en especial el choque frontal, que causa el 66% de ellas. Reducirá un 19% los fletes y acortará un 30% los tiempos de viaje. Por el mismo sistema se financiarán 100.000 kilómetros de caminos rurales para unir comunidades, hoy aisladas por el barro.
A fin de evitar desvíos y corrupción, los fondos van a las petroleras, que pagan a las constructoras una vez concluido cada tramo, como los servicios de electricidad, gas o telefonía, que se pagan directamente a las prestatarias. Según la Fundación Metas ,el sistema de Participación Público-Privada (PPP) es eficaz cuando se lo implementa de esta manera. No se trata de una privatización pues la inversión privada se convierte en un bien público, propiedad del Estado.
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La Argentina sancionó en 2016 una ley de PPP para construir 2800 kilómetros de autopistas a inaugurarse en 2019. Al adjudicarse la obra, cada empresa constructora tiene seis meses para lograr financiamiento bancario. Aunque la deuda la toma la empresa, es deuda soberana, o sea, el Estado finalmente la repaga. Las empresas manifestaron preocupación por tener que tomar créditos con tasas atadas a un alto riesgo país. Por ello el Gobierno suspendió en 2018 los proyectos de PPP.
La propuesta de la Fundación Metas Siglo XXI tiene 20 años. El Poder Ejecutivo la canalizó con un proyecto de ley (1998), que nunca se trató. Lo apoyaron legisladores de casi todo el arco político, legislaturas provinciales y ciudadanos que sufren desde entonces las más de 30.000 muertes por rutas deficientes. Las autopistas las evitan e impulsan un gran desarrollo. Es hora de realizarlas.

Nuestra crisis económica: un proyecto para superarla

Arturo Prins 
Director Ejecutivo de la Fundación Sales

 Tres fundaciones y la Secretaría de Ciencia inician el camino que recorrieron países avanzados para revertir nuestro bajo crecimiento, que lleva décadas En tiempos del centenario culminábamos la mayor revolución exportadora que nos ubicó entre las primeras naciones. El Premio Nobel de Economía, Paul Samuelson, decía años después que la Argentina sería líder entre los países del mundo por su robusta economía. Luego reconoció su fallido pronóstico sin poder explicar su razón. El desconcierto fue tal, que otro Premio Nobel, Simon Kuznetz, estableció cuatro clases de países: desarrollados, subdesarrollados, Japón y la Argentina por sus respectivos ascenso y descenso. Antiguamente los imperios se fundaban en las conquistas; eran grandes por sus territorios o colonias. Luego los pueblos crecieron por la riqueza de la tierra y su comercialización. Einstein vaticinó que “los imperios del futuro se construirán sobre el conocimiento.” La Argentina permaneció en el estadio de la tierra, siendo que Belgrano ya advertía a fines del siglo XVIII que sin ilustración y comercio, sin industrias ni escuelas, el nuestro “será un país miserable y desgraciado”; con sólo los “frutos del país” gozaremos de una “fugaz primavera”, decía.

Alejandro Bunge, advirtió como economista desde 1914 que “nuestra política económica es una dócil sumisión a las grandes potencias, que nos compran materia prima barata y nos venden artículos manufacturados caros (…) necesitamos de la química, la física, las matemáticas, las ingenierías (…) conocimientos de todos los órdenes.” Nuestro Premio Nobel Bernardo Houssay insistía en el valor del conocimiento: “Los países latinoamericanos son aún atrasados en este terreno” (1934); “no vivamos en el error de creer que somos el granero del mundo; sin un rápido desarrollo científico, viviremos pobres” (1960); “ahora exportamos científicos” (1966). Argentinos visionarios que entendieron que el crecimiento que se expandió tras la Segunda Guerra fue por el conocimiento innovador: en Occidente, Estados Unidos y Alemania; en Asia, continente pobre, Japón llegó a ser la segunda economía del mundo; los “tigres” (Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, Taiwán) salieron del subdesarrollo; China superó recientemente a Japón como segunda economía; la India y otros países siguen el mismo camino.

Camino indicado por la OCDE en 1963, cuando definió la Investigación y Desarrollo (I+D) como indicador clave del crecimiento económico: se trata del proceso innovador que a través de la investigación obtiene conocimientos trasferibles a la industria para desarrollar nuevos productos, valor agregado, riqueza. Los países que más invierten en I+D tienen elevado nivel de vida; los que invierten menos del 1% del PBI tienen economías débiles; las naciones avanzadas se acercan al 3% y algo más; la media latinoamericana es de 0,70%; la argentina: 0,63%, menor que la media. Las empresas de países desarrollados financian del 50 al 75% de la I+D, mientras las nuestras sólo aportan el 21% del total. La industria nacional no demanda conocimientos pues está protegida con altos aranceles. El Banco Mundial criticó “la muy baja inversión de las empresas argentinas en I+D, su escasa cultura innovadora.” La relación universidad-empresas es casi inexistente. Los “tigres asiáticos” son el ejemplo más elocuente. Movilizados por el ascenso de Japón y siendo subdesarrollados, ubicaron sus economías entre las primeras del mundo. El crecimiento de sus PBI (1960-2017) fue, según el país, de 2.675% a 5.600% (promedio anual: 6,1 a 7,43%). El PBI argentino creció en ese período 298% (promedio anual: 2,61%).

EL PROYECTO PARA SUPERAR LA CRISIS 
La crisis económica actual es continuidad de un problema irresuelto desde hace décadas. La razón subyacente es la insolvencia financiera de nuestra economía: el Estado gasta más de lo que ingresa y enfrenta el déficit fiscal con: 1) Presión tributaria: es récord en América Latina, con una altísima evasión (35% del PBI) por la magnitud del sector informal. 2) Deuda: algunos la llaman “perpetua”; recordemos la ironía de Sarmiento sobre “los grandes deudores del Sud”, o a Avellaneda cuando decía que el crédito de la nación (la fe del mundo en nosotros) es tan importante como el Himno y la Bandera; quebrada esa fe –como ocurrió con el default 2001– la crisis de confianza sobrevive. 3) Emisión monetaria descontrolada: nos generó inflación recurrente que culminó en hiperinflación. La Fundación SALES, estudiosa de estos temas desde su creación hace 42 años, presentó un proyecto al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva para que la Argentina implemente una economía del conocimiento con inversión en I+D. Invitó a participar del proyecto a la Fundación Bunge y Born, por su trayectoria en favor de la ciencia, y a la Fundación ICBC (del Banco ICBC, de China) cuyo objetivo es contribuir al desarrollo del comercio exterior a través de 450 empresas que alberga en 72 consorcios de exportación. El ministro de Ciencia, Lino Barañao, aprobó el proyecto y firmó un Convenio con las mencionadas fundaciones.

Inicialmente el proyecto propondrá al Banco ICBC una experiencia piloto, consistente en el otorgamiento de créditos a la innovación, para las empresas exportadoras que alberga en su Fundación. Algunas ya invirtieron en I+D con resultados satisfactorios. Pero otras requieren financiamiento que los bancos no suelen dar por el riesgo que supone. Para ello el Ministerio de Ciencia –hoy Secretaría de Estado– organizará un Fondo de Garantía que ampare dichos créditos, con partidas que se efectivizarán cuando haya incobrabilidad. La Secretaría de Ciencia dispone de evaluadores experimentados que seleccionarán los proyectos de I+D, priorizándose aquellos que apunten a lograr exportaciones no tradicionales, sin historia, de alto valor agregado. Las innovaciones se protegerán con asistencia de profesionales en propiedad industrial. Esta experiencia piloto se podrá extender a otros bancos y a más empresas. Se busca no depender del financiamiento público o externo, hoy muy limitado, siendo que los bancos argentinos están sólidos y la tasa de interés con un Fondo de Garantía es muy inferior a las habituales. El proyecto promoverá empresas argentinas, de acuerdo a la Ley 24.467 de la Pequeña y Mediana Empresa, que apunta a estimular su crecimiento facilitando el acceso al crédito, con bajo interés por la presencia de fondos de garantías o Sociedades de Garantía Recíproca que establece esta ley. Es importante no priorizar sólo la búsqueda de empresas inversoras extranjeras, pues ellas desarrollan la I+D en sus casas matrices y en definitiva nos venden tecnologías. Debe priorizarse la I+D local, con patentes y regalías que se vuelquen al país a través de las exportaciones.

Desde aquella revolución o “fugaz primavera”, al decir de Belgrano, no se generó un proceso creador para crecer. Este proyecto lo propone.

 Revista Criterio, 2019