Lic. Arturo Prins

Lic. Arturo Prins
Lic. Arturo Prins

Premio Nobel de Economía 2018: lecciones para la Argentina de hoy

Arturo Prins 
Director Ejecutivo de la Fundación Sales

El economista estadounidense Paul Romer fue nominado varias veces como Premio Nobel de Economía. La Real Academia Sueca de Ciencias se lo otorgó finalmente este año. Lo compartió con el compatriota William Nordhaus. Ambos estudiaron, aunque separadamente, la cuestión del crecimiento económico. Para Romer (New York University) la economía del conocimiento es la que mejor lo impulsa, pues el conocimiento no tiene fronteras. Para Nordhaus (Yale University), en cambio, la naturaleza es una frontera, por las consecuencias conocidas: el cambio climático; antes de Nordhaus economía y medio ambiente se analizaban en forma separada; él las entrelazó y creó la economía del cambio climático. Dos visiones contrastantes, la de Romer y la de Nordhaus, pero necesarias.

Por el carácter de esta columna, reflexionaremos sobre Romer, por cuyos trabajos el diario La Nación indicó que debían ser tenidos en cuenta en la Argentina de hoy. Es interesante recordar cómo surgió la vocación de Romer. El economista Max Roser tuiteó la mañana en que la Academia Sueca lo premió: “Paul Romer me dijo que fue un gráfico lo que lo llevó a estudiar economía. Él observó esta línea y se preguntó cómo algo así había sido posible. Hoy ganó el Premio Nobel por su contribución a responder a esta pregunta.” Roser se refería a la línea que marcaba la evolución del PBI per cápita en el Reino Unido, desde 1270 a la fecha. Durante siglos el Imperio británico encabezó el crecimiento económico (1300-1900). En el mundo, la línea fue semejante: entre 1300 y 1819 el crecimiento fue lento y esporádico, a un promedio anual de 0,21%; entre 1820 y 1949, el auge industrial aumentó el promedio a 1,10%; tras la Segunda Guerra Mundial el crecimiento superó el 2% anual. Así, el desarrollo económico que despegó en el siglo XIX se aceleró de manera excepcional en la segunda mitad del siglo XX. ¿Qué ocurrió en este período? El conocimiento innovador fue la causa fundamental. Esta es la respuesta de Romer. En 1986 presentó un modelo de crecimiento a largo plazo, impulsado principalmente por la acumulación de conocimientos (knowledge), a través de procesos de Investigación y Desarrollo (I+D) donde el conocimiento crecía sin límites. Los cambios tecnológicos que así se logran, afirmó, son la base del crecimiento económico. En 1996 la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) acuñaba el término “economía del conocimiento” para identificar y describir a las naciones industrializadas que utilizaban el conocimiento como factor clave para el desarrollo económico. Romer sostiene que, en muchos países, los economistas no dedican la suficiente atención a ello, para alcanzar un más rápido crecimiento. Ponen mayormente el acento en una sociedad de fábricas que producen objetos físicos, en vez de una sociedad basada en el conocimiento, con una economía capaz de crear empresas que se valgan de la I+D. “Como factor de crecimiento –agrega Romer– el conocimiento ha desplazado a la fabricación de objetos físicos.” Entre 1986 y 1990 publica dos artículos que concentraron las miradas de la academia: afirmaba que la innovación tecnológica y la inversión en I+D eran el motor del crecimiento. Finalmente Romer destaca, como pocos, un valor de las grandes ciudades. “En las ciudades más grandes hay más generación de conocimientos”, dice. Y concluye: “Cuando se mira para atrás nos damos cuenta de la importancia del desarrollo urbano, pues predominaba la pobreza.” Importante para la Argentina de hoy escuchar a Romer, sin descuidar lo indicado por Nordhaus.

Revista Criterio, 2019

Cuidar la mayor riqueza del país

Cuidar la mayor riqueza del país

Arturo Prins
Arturo PrinsPARA LA NACION
Fuente: LA NACION
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19 de marzo de 2019  
La nutrición alimentaria y afectiva durante el primer año de vida es primordial. Carecer de ella daña irreversiblemente la actividad cerebral. El primer año es "la primavera" del sistema nervioso central. Sin ella, verano, otoño e invierno de la vida quedan limitados. La desnutrición genera debilidad mental, dificultades de comprensión y limitado desarrollo físico. Un ejemplo: un niño desnutrido dejó la escuela pues no comprendía palabras simples como océano, sombra y otras; su madre tenía un vocabulario menor a 200 palabras cuando lo normal son 15.000; el hijo alcanzaba solo 50. Otro ejemplo surge de estudios en dos provincias: en su mayoría, los grandes criminales mendocinos eran desnutridos y los detenidos bonaerenses no habían completado la escuela primaria por la misma razón.
Surge así un obstáculo a la educación y la seguridad: ¿de qué sirve que un niño desnutrido vaya a la escuela si no comprende las palabras?; ¿de qué sirve multiplicar presupuestos policiales, si el delincuente no sabe relacionarse ni asocia la gravedad de sus actos?
Estos interrogantes movieron al chileno Fernando Monckeberg a buscar su causa, que la halló en la desnutrición infantil. Cuando se recibió de médico (1950), Chile era extremadamente pobre y tenía la tasa de desnutrición más alta de América del Sur. "Ante un mundo que avanzaba en tecnologías y conocimientos -explicó en una reciente charla en Buenos Aires- nuestros niños quedaban lesionados de por vida, por lo que los obstáculos para el desarrollo eran enormes". No servía tratarlos si no se eliminaban las causas que año a año incrementaban los casos. Para ello creó en 1974 la Corporación para la Nutrición Infantil (Conin), organización de la sociedad civil que propuso al Estado tratar la desnutrición si este eliminaba sus causas: falta de agua potable, de cloacas, electricidad o gas; poca educación escolar y materna, etcétera. En 30 años (1974-2004), destacó Monckeberg, una política de Estado respetada por los gobiernos, junto a la metodología Conin, logró que Chile tuviera la más baja desnutrición de América Latina: redujo la mortalidad de 180 a 7 niños cada mil nacimientos y, en menores de 15 años, del 48% a menos del 1%; la expectativa de vida se elevó a 80 años; los chicos con retraso de crecimiento se redujeron del 70% al 1%; la última generación de chilenos creció en estatura, en promedio, entre 10 y 12 centímetros.
El médico argentino Abel Albino se especializó en pediatría en Chile, teniendo de profesor a Monckeberg. En 1992 estudió en España Biología Molecular, pero abandonó esta especialidad del futuro, pues en su país había que solucionar el pasado. Inspirado en su maestro, creó en Mendoza la Fundación Conin (1993), que preside junto a Monckeberg como vicepresidente, para extender su acción al país, América Latina y el mundo.
La Argentina no tiene la pobreza de Chile en 1950, pero el tema es preocupante: casi 4000 chicos desnutridos mueren por año; según la UCA, el 48% de los niños son pobres y no acceden a alimentos saludables. "Yo vi el milagro chileno -dice Albino- y tenemos la posibilidad de repetirlo". Conin de la Argentina creó en Mendoza el primer centro de prevención de desnutrición del mundo y el primer hospital de desnutridos que recuperó a 1200 pacientes graves. En sus más de 100 centros en 18 provincias, trata a 6500 niños y 4000 madres por semana. Ya recuperó a 25.000 niños. Además cuida la calidad alimentaria y atiende el entorno familiar afectivo y el habitacional. El reconocimiento internacional hizo que se crearan centros Conin en América Latina y África con el lema: "Terminar la guerra del hombre contra el hombre e iniciar la del hombre contra el hambre". 130 instituciones y empresas, y más de 10.000 individuos donan a este objetivo.
Organizaciones como Conin, a las que llamamos "usinas de inteligencia", proponen soluciones donde los gobiernos no supieron encontrarlas, exigiéndoles que eliminen las causas del problema que enfrentan. Esta eficaz complementación minimizó en Chile su dramática desnutrición infantil, con una inversión estatal de US$22.000 millones en infraestructura y servicios básicos.
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En 2016, el presidente Macri impulsó un convenio entre el Ministerio de Desarrollo Social y Conin para subsidiar sus centros. Pero vencer la desnutrición implica eliminar la pobreza, donde los niños son los más afectados. Ello requiere inversiones del Estado en infraestructura que nuestro país aún no ha hecho, siendo que su mayor riqueza es el capital humano.

Cómo se gestó el protagonismo de China

Arturo Prins
Director Ejecutivo de la Fundación Sales

Nuestro embajador en China, Diego Guelar, decía que así como el siglo XVI fue el siglo de España, y los siguientes fueron de Holanda, Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos, el siglo XXI será de China. Lo inédito, a juicio del embajador, es que el país lo está logrando “sin tirar un solo tiro, sin guerras de ocupación o colonización.”

En 1949 el Partido Comunista tomó el poder. Casi tres décadas de liderazgo de Mao-Tsé-tung, padre de la República Popular China, produjeron pobreza, hambrunas y la Revolución Cultural que costaron millones de vidas. Deng Xiaoping, colaborador del régimen, terminó perseguido por sus ideas reformistas. A la muerte de Mao disputó el poder a sus sucesores y gobernó China hasta su muerte (1978-97). Abandonó la cerrada economía comunista y la abrió al mundo, aunque gobernó autocráticamente, como se vio en la violenta represión a quienes pedían libertades políticas en la Plaza Tiananmen (1989).

Hu Jintao (2003-13) continuó las reformas a través de una economía del conocimiento. Su sucesor, el hoy presidente Xi Jinping, profundizó este camino. Al iniciar su segundo mandato (2017), en 35 años China había multiplicado 28 veces su PBI y 150 veces el crecimiento industrial. Sacó de la pobreza a 600 millones de chinos y se convirtió en el primer exportador mundial, aunque encabeza el ranking de países que violan derechos de propiedad industrial. El Estado, consciente de su incapacidad para administrar empresas, alentó a firmas emprendedoras que hoy invierten en el país. En cinco años se crearon 24 millones de empresas y nacen 15 mil por día. China es así primer productor mundial de electrodomésticos, televisores, juguetes, calzado y textiles. Su PBI en 1978 era el 5% del mundial; en 2017, el 17%. Por acuerdos de libre comercio en los cinco continentes, es principal socio comercial de 120 naciones.

La educación de nivel y la ciencia son fundamentales. En educación –que la tradición confucionista valoraba– el ingreso a la universidad se amplía, especialmente en zonas rurales. En ciencia, la revista Nature mostró que China ya tiene más investigadores que los Estados Unidos y está en camino de superar a todos los países en producción anual de papers científicos. Un plan quinquenal propone formar 20 millones de doctores. Entre 2008-12 duplicó la inversión en I+D (Investigación y Desarrollo) al 2,08% del PBI. Así llegó a ser segunda economía del mundo, desplazando a Japón de ese lugar. Xi Jinping anunció que aspira a que en 2050 sea la primera. De la inversión mundial en I+D, los Estados Unidos aportan el 28%; China, 20%; Europa, 19%; Japón, 10%; y el resto del mundo, 23%. Es notable el paralelismo del ranking de países más desarrollados, con el ranking de inversión en I+D. Veamos cómo China creció por esta vía.

CIUDAD LÍDER. Deng Xiaoping eligió a Shenzhen, ciudad vecina de Hong Kong, para liderar sus reformas. Liberó la economía y logró el mayor crecimiento de una región: 22% anual entre 1980-2016. De sus firmas innovadoras, Huawei Technologies Co. es la principal proveedora mundial en equipos de redes de telecomunicación; 82 mil de sus 180 mil empleados hacen I+D. Para The Economist, Shenzhen compite con Silicon Valley por su inversión en I+D, que supera el 4% de su PBI, como los países que encabezan el ranking (Corea del Sur, 4,4%; Israel, 4,2%). Sus empresas registran más patentes internacionales que las de toda Francia o Gran Bretaña. Si antes dependían de conocimientos importados, hoy desarrollan innovaciones por las que multinacionales van a Shenzhen a conocer las últimas tendencias.

MÁS CIUDADES INNOVADORAS. Shanghai fue otra metrópoli que liberó su economía y generó el más alto crecimiento luego de Shenzhen y Guangzhou, ciudad también innovadora. El Gobierno quería que ciudades pequeñas fueran motor de crecimiento, por lo que planificó urbanizar a unas 100 millones de personas de bajos ingresos. Suizhou –hace 4500 años supuesto hogar del padre mitológico de la agricultura china, el emperador Yan– es una de las 130 ciudades pequeñas elegidas (2,5 millones de habitantes): la creación de nuevas industrias convirtió a campesinos en trabajadores urbanos mejor remunerados; en 2015 habían incrementado en 40% sus salarios. En Zhengzhou, localidad rural muy pobre, el Gobierno invirtió en infraestructura y trasporte haciéndola atractiva a inversores, al punto que Apple se instaló y generó 250 mil empleos. Se la conoce como la iPhone City, por la fabricación de teléfonos. Llegó a producir 150 millones de iPhones al año y unos 20 millones de iPads de última generación.

MAYOR FABRICANTE DE AUTOS. En 2017 China produjo 28 millones de autos y vendió 24,2 millones, siendo el mayor fabricante y vendedor mundial. Changan Auto Company es la automotriz líder y una de las 15 más grandes del mundo.

MAYOR INVERSOR EN TECNOLOGÍA FINANCIERA. Al igual que países escandinavos, China se aleja del papel moneda. En 2016 cuadriplicó los pagos móviles por celular e internet, hasta alcanzar los US$ 8,6 billones, en comparación con sólo US$ 112 mil millones de los Estados Unidos. Se crearon firmas de tecnología financiera como AntFinancial, que surgió de Alibaba, empresa local de comercio online que, si fuera un país, sería la 21a economía del mundo. China encabeza el ranking mundial de inversores en tecnología financiera.

LA STARTUP QUE SUPERÓ A UBER. DidiChuxing, compañía de viajes compartidos, obligó a Uber a salir de China. Con taxis, buses y autos de lujo, realiza unos 20 millones de viajes al día, varias veces la cantidad de Uber en el mundo. Tiene un servicio especial para personas mayores. Es la startup mundialmente más valiosa, después de Uber: fue valuada en US$ 50 mil millones. Los chinos no aprecian tanto el auto y se inclinan por los viajes compartidos y las bicicletas.

MILLONES DE BICICLETAS. Estudiantes pobres de Pekín, frustrados pues les robaban sus bicicletas, crearon la empresa Ofo y desarrollaron un innovador sistema de rastreo que elimina robos. Hoy controla 8 millones de bicicletas y provee más de 25 millones de viajes diarios en China, los Estados Unidos, Singapur y Gran Bretaña. Proyecta operar en 200 ciudades y 20 países.

¿AUTO VOLADOR? Otra startup, Kuang-ChiScience, avanza con un invento: el auto volador. Desarrolla tecnologías de globos para lograr máquinas voladoras, con una firma neozelandesa. Su presidente, Liu Ruopeng, dice: “Todo individuo debería volar barato, fácil y seguro”. Servirá para aliviar el tráfico y evitar poluciones.

Cuando el presidente Xi Jinping se refiere al “sueño chino”, algunos lo comparan con el sueño americano de los años 30 en los Estados Unidos. Aunque China lo implementa desde un sistema autocrático que el Gobierno define como “armoniosa democracia de consenso, frente a sistemas democráticos multipartidistas de confrontación” o “el liderazgo del partido, en un socialismo moderno con características chinas.” China es el país más poblado, con 1400 millones de habitantes, 20 millones de nacimientos anuales y la clase media más grande del mundo.

Revista Criterio, Marzo de 2019