Lic. Arturo Prins

Lic. Arturo Prins
Lic. Arturo Prins

Por qué no crece la Argentina

Por qué no crece la Argentina

Arturo Prins
Arturo PrinsPARA LA NACION
Fuente: LA NACION
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24 de diciembre de 2018  
Los trabajos del premio Nobel de Economía 2018, Paul Romer, explican la razón principal de nuestro bajo crecimiento económico. Su vocación por la economía surgió al observar un gráfico con la evolución del crecimiento: entre 1300 y 1819, el PBI mundial creció a un promedio anual de 0,21%; entre 1820 y 1949, el auge industrial llevó el promedio a 1,10%, y después de la Segunda Guerra Mundial, se superó el 2%. Para 2018, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos lo estima en 3,7%. Romer quiso conocer la causa de tan alto crecimiento en tan corto plazo. En sus estudios concluyó que la razón principal fue la innovación tecnológica, la economía del conocimiento que invierte en I+D (investigación y desarrollo), en creatividad científica que la industria desarrolla para lograr y exportar alto valor agregado. El conocimiento es fuente de crecimiento y Romer lamenta que en muchos países los economistas no presten atención a ello. Es el caso de la Argentina. Veamos.
Asia es la región que más invierte en I+D (43,6% del total mundial); le siguen EE.UU.-Canadá (26,7%) y Europa (23,3%); América Latina-Caribe (ALC), con 3,1%, y África, 2,2%, son los continentes más pobres. Los países que invierten menos del 1% de sus PBI en I+D tienen economías débiles; los más desarrollados se acercan al 3% y hasta superan el 4%. La media de ALC es 0,67%; la Argentina está por debajo: 0,53%; Brasil encabeza el ranking (1,27%) e invierte el 60% del total de la región; México, el 17%, y la Argentina, solo el 7%. Para crecer, es necesaria la inversión empresaria. En países desarrollados, la industria aporta del 50 al 75% de la I+D y en la Argentina solo el 18,2%, debajo de la media de ALC (34,8%). La fuente de estos datos es la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología (Ricyt).
El Banco Mundial criticó "la muy baja inversión de empresas argentinas en I+D, su escasa cultura innovadora". La Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas mostró que en 47 años (1970-2017) nuestro PBI industrial creció 69%, mientras que el PBI total aumentó 154%, por lo que concluye que la industria tuvo un pobre desempeño. Hace medio siglo nuestras exportaciones eran el 0,81% del PBI mundial; hoy, son el 0,32%. Bajaron de US$83.000 millones (2011) a US$58.000 millones (2017). Exportamos bajo valor agregado e importamos tecnologías de alto valor. Con más de 850.000 empresas, solo 4600 exportan y solo 12 venden más de US$1000 millones al año. La Argentina exporta el 15% de lo que exporta México, el 26% de lo de Brasil y 16% menos que Chile.
Los "tigres asiáticos" -Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, Taiwán-, movilizados por Japón -que llegó a ser segunda economía mundial-, aplicaron la economía del conocimiento y lograron crecimientos de sus PBI (1960-2017), según el país, de 2675 a 5600% (promedio anual: 6,1 a 7,43%). Nuestro PBI creció en ese período 298% (promedio anual: 2,61%). La Argentina es el único país de Iberoamérica con tres premios Nobel en ciencias (Houssay, Leloir, Milstein), pero no protege el conocimiento de sus científicos. Profesores de la Universidad Nacional de Quilmes publicaron enJournal of Technology Management & Innovation una alarmante investigación. Constataron que 14 científicos calificados en biomedicina publicaron en papersconocimientos innovadores no protegidos por la universidad, por lo que varios de ellos fueron patentados por laboratorios multinacionales, grandes universidades e inversores privados. El hecho fue llamado "transferencia ciega de conocimiento", pues no fue percibido por la universidad, e "inteligencia regalada", pues el Estado financió esas investigaciones sin patentarlas. Concluyeron que si esto ocurrió en una universidad que no es de las mayores, qué ocurriría en las demás.
Para saberlo, ampliaron la investigación con 254 científicos que competían por financiamiento del Ministerio de Ciencia. Comprobaron que conocimientos innovadores de 94 de ellos fueron apropiados con 341 patentes solicitadas por EE.UU. (casi un 50%), Gran Bretaña, China, Alemania, Francia y Canadá (más del 30%) y otros países. La mayoría de las patentes eran en ciencias médicas y biológicas. donde nos destacamos. Los Nobel argentinos provienen de estas ciencias y sus logros fueron también apropiados por otros países. En el Índice de Propiedad Intelectual, la Argentina ocupa el puesto 46 sobre 50 países. Solicitamos unas 500 patentes/año; Brasil, más de 8000, y EE.UU., cerca de 300.000. El Índice Global de Innovación 2018 midió 130 países. Lo encabezan Suiza, Suecia, Holanda, EE.UU. y Gran Bretaña. Nuestra región es preocupante: Chile ocupa el puesto 47; México, el 56; Brasil, el 64, y Argentina, el 80. Nuestros economistas deberían prestar atención a todo esto.

La versión saludable del tabaco

La versión saludable del tabaco

Arturo Prins
Arturo PrinsPARA LA NACION
Fuente: LA NACION
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24 de octubre de 2018  
La Argentina no ratificó el único acuerdo internacional de salud y uno de los más respaldados en las Naciones Unidas: el Convenio Marco para el Control del Tabaco, de la Organización Mundial de la Salud, que propone proteger a generaciones presentes y futuras de "la epidemia del tabaquismo". Lo aprobaron 181 países, mientras que senadores de provincias tabacaleras locales se oponen, para proteger las economías regionales.
El convenio recomienda promover alternativas de cultivo, como lo hicieron otros países al sustituir el del tabaco por otros económicamente más beneficiosos. La Argentina puede implementar un camino más innovador, por su alta capacidad científica. Veamos.
Las proteínas (hormonas, enzimas, anticuerpos, etcétera) son moléculas vitales en las células: las nutren, señalan su destino de vida o muerte, actúan desde el sistema inmunológico para atacar bacterias, virus u hongos, etc. Las medicinas requieren proteínas, como la insulina para la diabetes. La industria farmacéutica las extraía de vegetales, animales o seres humanos. Como la demanda aumenta pues las poblaciones crecen, se empezó a obtenerlas, en cantidades mayores y a menor costo, de las bacterias fuera del ser vivo. La limitación de lograr por esta vía cierto tipo de proteínas, unida a que las bacterias pueden infectarse y hay que descontaminarlas, impuso un desafío científico.
El actual secretario de Ciencia, Lino Barañao, siendo investigador del instituto que creó nuestro premio Nobel Bernardo Houssay, logró para la empresa argentina Bio Sidus introducir por ingeniería genética, en una vaca llamada Pampa, el gen de la proteína "hormona de crecimiento" para uso humano. Hasta entonces la proteína se producía en grandes fermentadores, pero en cantidades pequeñas. Pampa produjo 3 kilos por mes en su leche. Con una vaca se cubría la demanda argentina y con 20, la del mundo. En 2002 se anunció este logro de impacto mundial, en el que pocos creían. Bio Sidus debe realizar los ensayos en pacientes para aprobar su uso en humanos, con una ventaja: nuestras vacas se alimentan a pasto, sin suplementos de origen animal, que pueden causar situaciones como el "mal de la vaca loca", por lo que las hormonas que produzcan Pampa y su descendencia serán muy valiosas.
En 1998, en el Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (Ingebi), creado por Héctor Torres, discípulo de nuestro premio Nobel Leloir, Alejandro Mentaberry inició sus primeras investigaciones para lograr proteínas de interés farmacológico en plantas de tabaco. Aumentar en ellas su producción era más sencillo, con menor costo y sin riesgo de contaminación como en las bacterias, pudiendo almacenarse las proteínas en las semillas, lo que facilita su conservación, transporte y distribución. En 2004 Fernando Bravo-Almonacid, Mentaberry, Barañao y otros publicaron un trabajo pionero en el país en Molecular Breeding: lograron que la planta de tabaco produjera, por ingeniería genética, una proteína (hEGF) para tratar úlceras gastrointestinales, reparar la piel dañada por quemaduras y para uso cosmético. La Argentina ingresó así al grupo de países que desarrollan el molecular farming, encabezado entonces por los Estados Unidos.
Entre las proteínas ya comercializadas, producidas en plantas de tabaco, hay una que ataca al principal agente que causa las caries dentales y otra que actúa en cremas antiarrugas. Destacados científicos, en colaboración con Bravo-Almonacid que hoy dirige en el Ingebi un grupo de jóvenes investigadores, buscan lograr en dichas plantas proteínas antiinflamatorias contra la artritis, esclerosis múltiple y otras enfermedades. Así, la planta de tabaco fue y es muy utilizada por investigadores del INTA y el Conicet, pues se conoce mucho su biología y tiene ventajas para producir proteínas de uso medicinal e industrial.
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Alrededor de 44.000 argentinos mueren al año por tabaquismo, primera causa de muerte evitable y mayor factor de riesgo de cáncer. El 12% del costo de salud es para atender a estos pacientes. Tenemos el Fondo Especial del Tabaco, que recibe millones de dólares al año para alentar un cultivo con propiedades tóxicas y hasta se piensa crear el Instituto Nacional de la Actividad Tabacalera.
El presidente Macri debería implementar un camino innovador con las secretarías de Salud, Ciencia y Agroindustria, que revierta la costumbre de investigar sin aprovechar los resultados y, en este caso, ahorrar un importante gasto en salud al utilizar plantas de tabaco para producir proteínas exportables de alto valor agregado. El Parlamento debe defender la vida tras este objetivo. Las plantas fueron desde el origen fuente de alimentos y medicinas. Honremos esta tradición.

Una grave causa de nuestra pobreza

Arturo Prins 
Director Ejecutivo de la Fundación Sales

Últimamente ocupan la atención periodística las migraciones de ciudadanos que huyen de países empobrecidos a naciones desarrolladas, en busca de una vida mejor. Gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y la Iglesia católica, por la importancia que el Papa Francisco le ha dado al tema, establecen políticas y manifiestan preocupación por tan dolorosa situación.
Juan Pablo II designó Padre de los Migrantes al sacerdote Juan Bautista Scalabrini, al que beatificó en 1997 “por su amor a los pobres y en particular hacia los migrantes, convirtiéndose en apóstol de personas obligadas a abandonar su patria, en condiciones muy difíciles. De de estas personas –concluye el Papa– Scalabrini se convirtió en padre y guía.” Inspirados en él, los padres misioneros scalabrinianos crearon el Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos.
Diego Carámbula, investigador de este Centro y doctor en administración de empresas (UCA), acaba de presentar su libro El círculo vicioso del talento, donde resume su tesis doctoral sobre otra migración, menos difundida y por ello más ignorada, pero de gran importancia en el desarrollo de los países: la Migración Calificada, contracara de la migración antes mencionada que sería no calificada. El libro debe ser leído por economistas y políticos, especialmente argentinos y latinoamericanos, pues analiza exhaustivamente una causa principal de nuestra pobreza.

La estadística inicial impresiona: en el mundo hay unos 214 millones de migrantes calificados, con alta formación universitaria en ciencias duras, de ingenierías especialmente; juntos harían la quinta nación más grande del mundo; la migración no es sólo de sur a norte pues el 40% de los migrantes se trasladan de un país en desarrollo a otro; los extranjeros son autores de la mayoría de las innovaciones patentadas; anualmente se precisan 45 millones de nuevos profesionales en el mercado global, la mayoría de ellos jóvenes; hay 4,3 millones de estudiantes que estudian fuera de su país de origen, y uno de cada cinco lo hacen en los Estados Unidos, el país que más atrae a migrantes calificados pues tiene las mejores universidades; le siguen varios de Asia Pacífico y nórdicos como Dinamarca, Finlandia y Noruega; Australia se destaca también por sus buenas universidades y Singapur por el comercio internacional y la inversión extranjera. La Argentina, en cambio, sobre 60 países analizados, está en el puesto 32; consultadas 803 empresas, ocupamos el cuarto puesto entre los mercados con mayor escasez de personal calificado en el mundo.

El libro de Carámbula muestra estudios sobre la Argentina, de expertos en migración calificada. Para el sociólogo argentino Lelio Mármora, docente en políticas de migraciones internacionales, nuestro país tiene la mayor emigración profesional de la región, lo que implica un costo pues gran parte de los que se van se formó en universidades públicas gratuitas, o en privadas donde se pagó la formación.
Adela Pellegrino, uruguaya y doctora en demografía histórica, dice que los argentinos, como los uruguayos, se adaptan rápidamente a otro país, en comparación con naciones como la India, donde la diferencia cultural es muy grande. Agrega que los países desarrollados, atraen por el entorno que ofrecen, donde se puede investigar con premios Nobel o en polos tecnológicos de avanzada. El argentino César Milstein emigró a Gran Bretaña, atraído por el ambiente estimulante de Cambridge de donde surgieron 12 premios Nobel; fue a investigar con Fred Sanger, de los pocos que obtuvo dos veces un Premio Nobel de Química. Milstein ganó allí el Nobel de Medicina 1984 por haber ideado los anticuerpos monoclonales, de gran importancia en la medicina actual, habiendo perdido la Argentina los enormes beneficios del país que hoy los comercializa. La de Milstein fue una muy seria emigración calificada.

Para el también uruguayo, Juan Artola, doctor en relaciones internacionales fallecido recientemente, la migración calificada es un fenómeno muy grave que los gobiernos latinoamericanos no miden, o prefieren no hacerlo: “En la Argentina y América del Sur –dice– vivimos el auge de las materias primas, por lo que no prestamos atención a la Economía del Conocimiento. Esto hace que muchas personas que egresan de la universidad no saben qué hacer y terminan viendo en la emigración una esperanza.”
Leonir Chiarello, sacerdote y filósofo chileno, director ejecutivo de Scalabrini International Migration Network, observa que en la Argentina formamos personas, financiándolas con subsidios públicos que favorecen a industrias de países centrales. “Este círculo perverso se alimenta aun más –sostiene Chiarello– pues los países desarrollados utilizan una lógica que restringe la mano de obra no calificada y atrae la mano de obra calificada.” Su estudio concluye “que la migración calificada o fuga de cerebros argentinos, existe y existirá, pues se forma a potenciales desarrolladores de la industria del conocimiento, en un país que no tiene una estrategia orientada al conocimiento, sobre todo en carreras de ciencias duras que hoy se insertan en la Economía del Conocimiento."
Finalmente, la observación de fray Chiarello la complementa la abogada argentina Nora Pérez Vichich, docente en migraciones internacionales. Afirma que para saber si la emigración calificada va a aumentar en la Argentina, hay que razonar hacia qué contexto de país estamos yendo, es decir si los jóvenes tendrán un futuro. Para saber el número de emigrados argentinos de alta calificación, se hizo un paneo en nuestros consulados en el exterior, detectándose entre 7.000 y 8.000 científicos. Pero el número sería mayor pues los consulados sólo registran a quienes van a realizar un trámite, pues la matrícula consular no es obligatoria.

El recomendado y exhaustivo estudio aquí resumido, muestra que mientras los países desarrollados atraen a la mejor inteligencia, las naciones que la desatienden empobrecen y, más grave aún, colaboran gratuitamente en el crecimiento de las más avanzadas.

Revista Criterio, 2018

Usinas de inteligencia y soluciones que deberían aprovecharse

Usinas de inteligencia y soluciones que deberían aprovecharse

Arturo Prins
Arturo PrinsPARA LA NACION
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23 de julio de 2018  
Una misión poco conocida, pero no menos importante de las organizaciones de la sociedad civil, es la de elaborar propuestas inteligentes para problemas que solo los gobiernos pueden resolver. A estas usinas de inteligencia las Naciones Unidas las valora, hasta el punto que desde 1948 les otorga "estatus consultivo" cuando presentan ideas a los Estados miembros. Muchas iniciativas se concretaron así en varios países.
Por ejemplo, la Fundación Pro Vivienda Social dio gas natural a 11.000 hogares del partido de Moreno, cuya pobreza se agravaba por el costo de la garrafa, leña o carbón, que además limitaba la alimentación, higiene y calefacción. Como hay 5.000.000 de hogares sin gas natural, el Estado aprovechó la experiencia e ingenio de esta organización y, en 2017, inició la conexión a 5000 hogares de la provincia de Buenos Aires, previéndose llegar a 40.000, iniciativa que ya replicaron Salta y Jujuy.
En otra área, ante las miles de muertes en rutas obsoletas, la Fundación Metas Siglo XXI elaboró el proyecto más importante -por su dimensión económica y de ingeniería- que haya presentado una organización argentina: la construcción de una red de autopistas para unir capitales de provincias y 1150 ciudades, donde vive el 82% de la población. Es autofinanciable, incluye la rehabilitación del ferrocarril y un sistema de transporte para la región metropolitana. Tuvo estado parlamentario y apoyo de varias provincias, pero nunca se concretó.
Debido a la creciente deuda pública y el default de 2001, Fundación Sales, Universidad Católica Argentina y Centro Redes presentaron en 2003 al Gobierno una "propuesta para crecer y pagar la deuda", realizada por economistas, juristas y especialistas en ciencia. El entonces ministro de Educación y Ciencia Daniel Filmus, la incorporó al Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva 2004. La Cámara de Diputados la difundió y el Mercosur recomendó presentarla a organismos internacionales de crédito.
Son muchas las organizaciones argentinas que ofrecen su inteligencia en temas de educación, medio ambiente, economía solidaria, microcréditos, nutrición, fundraising (desarrollo de fondos), entre otros. Sus propuestas deberían aprovecharse.

Los recursos naturales y el desarrollo

Por Arturo Prins

Suele decirse y repetirse que la Argentina tiene importantes recursos naturales. Salvador San Martín, que fuera subsecretario de Energía y Combustibles (1959), secretario de Industria (1962), presidente de Cometarsa del grupo Techint y productor frutícola, se refería frecuentemente al tema. Por sus viajes a Japón, donde residía uno de sus hijos, estudiaba y comparaba las economías japonesa y argentina. Desde 1984, como director de la revista Papiro, le solicité artículos sobre esos estudios.
En ellos sostenía que la Argentina era pobre en recursos naturales, según indicadores que mostraban en cada país el porcentaje de estos recursos respecto del total mundial: en petróleo, por ejemplo, mientras los países árabes poseían el 61,1% de las reservas mundiales, la Argentina tenía el 0,34%; en otras energías (gas y carbón) y en la mayor parte de los minerales, poseíamos recursos muy por debajo del 1% mundial. En agricultura (trigo, maíz, algodón, arroz) no alcanzábamos el 2%; sólo superábamos este porcentaje en lana (5,1%) y lino, nuestra mayor riqueza natural de entonces, que nos ubicaba primeros con el 29% del total mundial. En ganadería no teníamos porcentajes elevados: equinos (5%), vacunos (4,6%), ovinos (3%), caprinos (0,7%) y porcinos (0,5%). San Martín subrayaba que Japón, con menos recursos naturales que la Argentina y a casi 40 años de las bombas de Hiroshima y Nagasaki que lo destruyeron, era la tercera economía del mundo. La Argentina, según el economista estadounidense Samuelson, era en 1945 la promesa para ocupar el segundo puesto, con tanto oro que dificultaba la circulación en los pasillos del Banco Central; sin embargo, estábamos entre las naciones de bajo desarrollo. Samuelson afirmaba que había cuatro tipos de países: los desarrollados, los subdesarrollados, la Argentina y Japón.
¿A qué se debe una evolución tan distinta y opuesta? se preguntaba San Martín. Y respondía: “No es la posesión de grandes recursos naturales la que determina el progreso; muchos países resurgieron de las ruinas por la inteligencia aplicada a la innovación tecnológica y el avance científico. Nuestras exportaciones tienen un valor menor, como consecuencia de un menor contenido de inteligencia, lo que los `doctos´ llaman valor agregado.”
A más de 30 años de esta reflexión, un reciente estudio del Banco Mundial –The Changing Wealth of Nations– introduce un indicador al que denomina “capital natural”, por el cual se miden los recursos energéticos (petróleo, gas, carbón), minerales, agrícolas, etc. de cada país. A este capital se le da un valor per cápita, como complemento de la medición tradicional del PBI per cápita. La Argentina está muy rezagada en América Latina, con un capital natural de USD 16.185 por habitante. La superan Venezuela, que encabeza el ranking con USD 70.151 por sus importantes reservas petroleras; Chile, Brasil, Panamá, Ecuador, Perú, Costa Rica, Uruguay, Paraguay y Bolivia que cierra la lista con USD 17.527. Países desarrollados tienen menos capital natural que éstos: China (USD 15.133 per cápita), Alemania (USD 7.701), Japón (USD 3.741), Singapur (USD 56) con un PBI per cápita mil veces mayor (USD 52.000). Los árabes lideran el ranking mundial en capital natural: Qatar (USD 660.305), Emiratos Árabes (USD 259.428), Arabia Saudita (USD 252.186), Oman (USD 95.238).
Estos estudios permiten ver la incidencia de los recursos naturales en el desarrollo, especialmente en la Argentina que basa su economía en ellos, sin agregado de inteligencia y conocimiento.
Criterio, junio de 2018

Falta sensibilidad y coraje

Falta sensibilidad y coraje

Arturo Prins
Arturo PrinsPARA LA NACION
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26 de marzo de 2018  
Nueve millones de personas mueren por año de cáncer. El tabaco, causa principal, provoca otras enfermedades, por lo que 7 millones de fumadores mueren, 900 mil como fumadores pasivos, entre ellos niños.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó en 2003 un Convenio Marco para el Control del Tabaco "por la dimensión que tiene la epidemia del tabaquismo". Aspiraba a proteger a generaciones presentes y futuras por el aumento de fumadores –hoy más de mil millones–, especialmente en países en desarrollo. El tratado es un hito: el único internacional en salud y uno de los más respaldados en la historia de Naciones Unidas. Lo ratificaron 180 países, incluyendo la Unión Europea, los principales productores de tabaco (China, Brasil, la India, Turquía), casi toda América Latina y todo el Mercosur, excepto la Argentina, a pesar de sus 43.000 muertes anuales por tabaquismo.
Fuente: LA NACION
En 2004, el Poder Ejecutivo envió al Parlamento un proyecto de ley para ratificar el convenio y su vigencia. No fue tratado y perdió estado parlamentario. Los senadores Juan Manuel Abal Medina y Julio Cobos lo reimpulsaron. En mayo pasado, el Ministerio de Salud solicitó su pronta ratificación y la vicepresidenta Gabriela Michetti se comprometió a hacerlo. Senadores de provincias tabacaleras reaccionaron. Juan Carlos Romero (Salta) dijo que gran parte de lo pedido por la OMS se cumple en la ley de control del tabaco (2013): prohibición de publicidad, de fumar en espacios públicos, de vender cigarrillos a menores de 18 años, etcétera. "Ratificar este convenio –señaló– significa la desaparición de la producción". Otro salteño, Rodolfo Urtubey, agregó: "Ningún productor se opone a que se proteja la salud, pero producir tabaco es generar trabajo y de ninguna manera el tabaco que se produce, de por sí, daña a las personas".
En la Argentina, el 13,2% de las muertes se debe al consumo de tabaco, y en su mayoría son evitables. Hay 20.627 enfermos de cáncer al año por tabaco; se gastan $33.000 millones anuales para atender el tabaquismo; el precio de los cigarrillos es de los más bajos del mundo y el impuesto acaba de reducirse con críticas de sociedades médicas. Las mujeres, los niños y las niñas argentinos fuman más que los de países en desarrollo. El Convenio de la OMS busca la erradicación del tabaquismo, por lo que recomienda incrementar el precio del cigarrillo con impuestos que limiten su compra. Los senadores saben que la mencionada ley de control del tabaco de 2013, no abordó el tema fiscal y fue un atajo para evitar el objetivo de la OMS.
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En noviembre último asistí en México a una cumbre de presidentes y líderes del mundo sobre cáncer. Un político con sensibilidad, imaginación y coraje llamó la atención: Tabaré Vázquez, presidente de Uruguay. Como oncólogo explicó que 9 de cada 10 cánceres de pulmón se deben al cigarrillo y que el tabaco causa otros cánceres, por lo que el gasto en salud es muy alto. Siendo los principales fumadores los más jóvenes y los pobres, aumentó fuertemente el impuesto al tabaco reduciendo los fumadores escolares del 30 al 9%, y los adultos del 32 al 23%. Para sorpresa de sus economistas, el ingreso fiscal por este impuesto, que en 2004 era de 84 millones de dólares, llegó a 318 millones; bajó el gasto de salud y ganó un juicio a Philip Morris que pagó 7 millones de dólares. Sobre 12 países medidos, Uruguay encabeza el ranking latinoamericano en prevención y control del cáncer (la Argentina 9ª); es 2° en el mundo por calidad de aire en ambientes cerrados y 5° como "libre de humo".
La intervención en México de nuestra vicepresidenta Michetti fue pobre; se limitó a decir: "En la Argentina hay mucho por hacer".
Nuestra escasa capacidad innovadora se ve en lo referido a la sustitución del cultivo del tabaco. Productores tabacaleros, interesados en que no se concrete la sustitución, mostraron experiencias con resultados negativos. Brasil, en cambio, cultivó mamón y ananá con mayor rentabilidad que el tabaco; en China, 450 familias del municipio de Yuxi incrementaron sus ingresos con otros cultivos; en Kenya, el proyecto "Tobacco To Bamboo" (Del Tabaco al Bambú) mostró que el cultivo de bambú es 4 a 5 veces más beneficioso que el del tabaco y 10 veces cuando se hacen cestas y muebles.
Si la Argentina aumentara el impuesto al cigarrillo, reduciría fumadores y gasto en salud, estimándose que obtendría $85.000 millones en 10 años. Así podría subsidiar un programa de sustitución del cultivo del tabaco, hasta erradicar un veneno que mata a millones de personas. Para ello hace falta sensibilidad, imaginación y coraje.