Lic. Arturo Prins

Lic. Arturo Prins
Lic. Arturo Prins

Ley de patentes: requisito para crecer

Arturo Prins 
Director Ejecutivo de la Fundación Sales

La propiedad intelectual es clave para el crecimiento. Entre nosotros, Gastón Richelet, especialista en derecho de patentes, escribía que “no hay un solo país desarrollado del mundo que haya crecido, sin contar entre sus leyes fundamentales con una sólida Ley de Patentes.” La Argentina no la tiene.

Cuando se analizan los indicadores de propiedad intelectual se observa un notable paralelismo entre desarrollo y número de patentes. Esto es así porque el mayor valor de la economía es el conocimiento, por lo que desprotegerlo genera pobreza y protegerlo genera riqueza. El país que protege el conocimiento está en condiciones de exportar alto valor agregado; el que lo desprotege depende mayormente de materias primas de bajo valor agregado.

Las estadísticas que publica anualmente la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología (RICYT), contiene cinco indicadores referidos a patentes:

1) El primero muestra el número de patentes solicitadas en cada país, discriminado según el lugar de residencia de los solicitantes; o sea, si reside en el país (empresas o instituciones nacionales), o si no reside pero le interesa proteger en el país (filiales extranjeras con residencia en el exterior).
2) El segundo indicador presenta el número de patentes otorgadas en cada país, discriminado también según el lugar de residencia del solicitante.
3) Un tercer indicador marca la tasa de dependencia, o sea un coeficiente entre las patentes solicitadas por residentes y por no residentes; la preeminencia de patentes solicitadas desde el exterior (por no residentes) expresa una dependencia económica del país.
4) El siguiente indicador marca, por el contrario, la tasa de autosuficiencia, que crece cuando las patentes solicitadas por los residentes del país crecen.
5) El último indicador expresa el coeficiente de invención, es decir, la relación entre las patentes solicitadas por los residentes del país y su población.
Veamos qué ocurre con estos indicadores en América Latina y el Caribe (ALC), región que venimos analizando en los últimos artículos. Expresaremos la estadística mostrando el promedio anual de la última década medida por la RICYT (2004-13):
1) Las patentes solicitadas anualmente por residentes de toda ALC fueron pocas: algo más de 10 mil, correspondiendo el 74% a Brasil; los demás países casi no suman; la Argentina solicitó 782 y México 839, mientras los no residentes (filiales extranjeras) casi 50 mil.
2) De las más de 10 mil solicitudes anuales de patentes de ALC, de residentes, se otorgaron 1.380; muy pocas por cierto; los no residentes obtuvieron 34.800.
3) La tasa de dependencia se mide por un coeficiente. Si es mayor a 1 indica que hay una preeminencia de patentes solicitadas desde el exterior. En ALC la dependencia es alta pues el coeficiente promedio anual en la década fue de 4,85.
4) La tasa de autosuficiencia en ALC decrece, esto quiere decir que en la década medida crecieron las patentes solicitadas por los no residentes, en comparación con las solicitadas por los residentes del país. En 2004 la tasa fue de 0,21 y en 2013 de 0,16.
5) El coeficiente de invención se expresa en patentes cada 100 mil habitantes y muestra la cantidad de patentes que solicitan los residentes del país, respecto a la población. Cuanto mayor es el valor de este indicador, mayor es la capacidad de invención del país. Los Estados Unidos tuvieron en la década el mayor coeficiente de invención: de 64,54 en 2004 subió a 90,94 en 2013. Toda ALC registró un coeficiente de invención muy bajo: 1,90 en 2004 que descendió a 1,80 en 2013.

Revista Criterio, Julio de 2016

Larga y polémica historia de las patentes

Arturo Prins 
Director Ejecutivo de la Fundación Sales

En los últimos artículos de esta columna analizamos cómo América Latina y el Caribe (ALC) ocupan con África el último lugar del ranking de inversión en Investigación y Desarrollo (I+D). Muy distantes de América del Norte, Europa y Asia, que aplican economías del conocimiento, cuya columna vertebral es la inversión en I+D. Ligado a esto se observa la bajísima protección del conocimiento en nuestra región. No hay posibilidad de desarrollo si no se atiende esta realidad.

El primer antecedente, base del posterior derecho de patentes, fue el Estatuto de Venecia (1474), que daba protección jurídica a inventores durante 10 años. Por ese tiempo la Corona británica otorgó la primera patente de la historia al inglés John Utyman, por idear un mecanismo de fabricación del cristal, utilizado por vidrieros venecianos antes de que se conociera en Inglaterra; la Corona británica exigió al inventor enseñar dicho mecanismo a los ingleses y le dio protección por 20 años ya que quería reducir la dependencia de importaciones, generar puestos de trabajo y estimular la economía. Ello dio lugar a abusos pues la Corona, con afán recaudatorio, extendía los privilegios de protección sin mayores exigencias; fue así que diversas protestas obligaron a anular todos los privilegios y redactar el Estatuto de Monopolios (1623), que concedía exclusividad solamente al primer inventor, por un período de 14 años.

La revolución industrial en Inglaterra fue un hito en esta historia pues aceleró el tratamiento de leyes en países industrializados. Los Estados Unidos lo hicieron en 1790, Francia en 1791, España en 1811 y Alemania en 1877. En ocasión de la Exposición Internacional de Invenciones de Viena (1873), varios extranjeros se negaron a asistir por temor a que les robaran sus ideas para comercializarlas en otros países. Ello dio lugar al Convenio de Paris para la Protección de la Propiedad Industrial (1883), acuerdo internacional que aseguraba a los creadores que sus obras estarían protegidas en otros países. Enseguida surgió el Convenio de Berna para las Obras Literarias y Artísticas (1886), con la finalidad de proteger internacionalmente los derechos de autor; fue impulsado por Victor Hugo y la Association Littéraire et Artistique Internationale a la que el escritor francés pertenecía. El Convenio de Paris y el de Berna se fusionaron en 1893, conformando las Oficinas Internacionales Reunidas para la Protección de la Propiedad Intelectual (BIRPI), con sede en Berna, Suiza.

Las BIRPI se convierten en 1970 en la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), con sede en Ginebra, que en 1974 ingresa como organismo especializado en Naciones Unidas. En 1994 se crea en la OMPI el Centro de Arbitraje y Mediación, que ofrece servicios extrajudiciales para solucionar controversias internacionales. En 1998 se constituye la Academia de la OMPI para dar cursos generales y especializados en propiedad intelectual, con un enfoque interdisciplinario, destinado a profesionales en la materia. En 2007 la OMPI confeccionó una Agenda para el Desarrollo, por la importancia que la propiedad intelectual tiene para el crecimiento de los países.
Como toda realidad humana, esta larga historia tuvo sus controversias y altibajos. Hoy incluso hay detractores y críticos de las patentes, siendo que es un sistema adoptado internacionalmente, que permite proteger durante 20 años y en el país que se desee, las inversiones del Estado, de empresas y fundaciones destinadas a la innovación, y así evitar que sean comercializadas por otros.

Revista Criterio, Julio de 2016