Lic. Arturo Prins

Lic. Arturo Prins
Lic. Arturo Prins

Seria advertencia del Banco Mundial

Arturo Prins 
Director Ejecutivo de la Fundación Sales

Un informe alarmante del Banco Mundial –El emprendimiento en América Latina: muchas empresas y poca innovación–describe un hecho que, de no modificarse, amenaza el futuro de la región. El documento, explicado en estos días por el economista jefe para América Latina y el Caribe (ALC) de dicho Banco, Augusto de la Torre, señala que la situación afecta seriamente las exportaciones y el crecimiento económico. ¿Cómo se explica esto?

Del informe se desprende que la región carece de una economía que exporte nuevas tecnologías, productos manufacturados, alto valor agregado. Vende mayormente materias primas con poca innovación. Por varias razones sus habituales importadores redujeron las demandas –el crecimiento económico de China bajó, la crisis en los Estados Unidos limitó compras, etc.– por lo que los precios de las materias primas declinaron. Así el PBI de América Latina y el Caribe, que venía creciendo, declinó del 6 al 2,5% en el último año medido. El economista de la Torre indicó que la región “ya no puede contar con el exterior para crecer y, como carece de herramientas alternativas, mantendrá la desaceleración económica si no realiza reformas.”
El Banco Mundial señala que la región introduce productos nuevos a un ritmo menor que otras regiones en desarrollo, e invierte muy poco en I+D (Investigación y Desarrollo). Las empresas multinacionales chinas aportan a I+D 34 veces más que las multinacionales latinoamericanas, a excepción de Brasil, y las multinacionales de los países más desarrollados 40 veces más. Por eso “América Latina y el Caribe están en la cola de la innovación”.

José Miguel Benavente, especialista en innovación y competitividad del BID, explica que la región se conforma con exportar su riqueza autóctona sin transformarla y no se preocupa por hacer otro tipo de productos innovadores para exportar; es su mayor riego. Señala el escaso capital humano cualificado, aun entre los dueños de empresas. En ese sentido, el informe del Banco Mundial indica que si bien tienen empresarios transformadores, no logran insertarse en las grandes empresas debido a la pobreza de la región; trabajan en forma autónoma sin generar valor agregado. Las empresas de cualquier tamaño son más pequeñas que las de otras regiones, y las más grandes no crean empleo como en los países avanzados; las de 40 años de antigüedad empiezan a destruir empleo, retroceden. Las empresas medianas, a los 40 años de vida, emplean a 110 personas promedio; las de Asia oriental a casi 170; las de Europa oriental a 220 y las de países desarrollados a 250.

El panorama es desolador si se tiene en cuenta que la dirigencia política de América Latina y el Caribe no comprende el problema ni adopta estrategias para implementar la economía del conocimiento, con la que países asiáticos muy pobres y otros salieron adelante. Miremos a la Argentina, la que más Premios Nobel en ciencias tuvo en Iberoamérica, con universitarios y economistas destacados, tampoco comprende el problema. Andrés Oppenheimer, periodista y autor de libros sobre el tema, escribió recientemente: “América del Sur se quedó dormida mientras el mundo marchaba hacia la economía del conocimiento; los presidentes deberían cambiar de estrategia económica y producir bienes de mayor valor agregado; lamentablemente siguen hablando del pasado, ajenos al mundo que se viene.”
Hay una excepción: Brasil, al que nos referiremos en un próximo artículo, y Bolivia –sí Bolivia, uno de los países más pobres de la región– que ha expresado una decisión política-económica que también comentaremos.

Revista Criterio

China superó a Japón

Arturo Prins

Cuando se leen los temas que tratan los economistas chinos y los objetivos de su país, y se los compara con nuestros discursos, se entiende por qué China pasó a ser la segunda economía del mundo y nosotros descendimos tan abajo.
Cai Fang, economista de la Academia de Ciencias Sociales de China, decía: “Es necesario dejar que las grandes ideas fluyan para impulsar el crecimiento”. Bai Chong-en, también economista de la Universidad de Tsinghua, afirmaba: “En la innovación se dan hallazgos inesperados. Se necesitan muchos participantes pues sólo una de mil ideas logra éxito.” Justin Yifu Lin, ex economista jefe del Banco Mundial, profesor de la Universidad de Beijing, indicaba que China podía seguir creciendo imitando las tecnologías occidentales pero produciéndolas mejor a un costo menor.
Innovación, tecnologías, conocimientos, conceptos ausentes entre nosotros, apenas visibles en el nombre de nuestro Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.
El dinamismo manufacturero de China hizo que el presidente Xi Jinping anunciara el cambio del modelo Made in China por el de Designed in China. O sea pasar de una producción a escala con mano de obra barata, a otra de más capital, creación y alta tecnología. Así lanzó una campaña para atraer cerebros “fugados” y dos mil profesionales “expertos globales” en ciencia y educación especialmente, sabiendo que irán a un país exótico, con problemas de contaminación y barreras idiomáticas. El objetivo es que “el país pase de ser un manufacturero de cantidad a otro de calidad”, decía el primer ministro Li Keqiang a la Asamblea del Pueblo, al presentar el plan en marzo pasado. Afirmó: “Buscaremos el desarrollo impulsado por la innovación con tecnología inteligente”.
Ya hacía décadas que China venía aplicando estas políticas, a través de sus ministros de ciencia y tecnología, en exploración espacial, supercomputadoras y tecnología militar. Ahora desean impulsar la biotecnología, energías alternativas y otras áreas. En industria automotriz, el Chery TX recibió en 2013 el premio al “Mejor auto concepto del año”, en la feria de Ginebra. Alibaba es una de las empresas electrónicas más rentables del mundo, y Tencent o Huawei marcan tendencias tecnológicas y de telecomunicaciones.
China ya es el segundo país que más invierte en Investigación y Desarrollo (I+D), habiendo desplazado de ese lugar a Japón, también tercera economía mundial. Según la OCDE (Organización para el Crecimiento y Desarrollo Económicos), entre 2008 y 2012 China duplicó la inversión en I+D y se propone ser primer inversor en 2019. Estados Unidos lo es con US$ 344 mil millones, seguida de China con US$ 223 mil millones y Japón con US$ 115 mil millones, valores expresados por paridad de poder adquisitivo, el sistema más adecuado para medir inversiones.
China basa su desarrollo en la investigación, con 3,2 millones de científicos que aumentan de manera impresionante su producción, medida por las publicaciones que crecen año a año según Science Citation Index. Si bien el ingreso per cápita chino es semejante al de países en vías de desarrollo, su inversión en I+D es comparable a la de las naciones más avanzadas. Así el crecimiento y la industrialización sacaron de la pobreza a 500 millones de chinos. Su PBI (2013) fue de US$ 9,2 billones; el de los Estados Unidos de US$ 16,8 billones; los dos más altos del mundo. Claro, hay que decirlo, ambos son los que más invierten en investigación y tecnología militar para la guerra y la defensa.
© Criterio, 2015