Lic. Arturo Prins

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Lic. Arturo Prins

Nuestra crisis económica: un proyecto para superarla

Arturo Prins 
Director Ejecutivo de la Fundación Sales

 Tres fundaciones y la Secretaría de Ciencia inician el camino que recorrieron países avanzados para revertir nuestro bajo crecimiento, que lleva décadas En tiempos del centenario culminábamos la mayor revolución exportadora que nos ubicó entre las primeras naciones. El Premio Nobel de Economía, Paul Samuelson, decía años después que la Argentina sería líder entre los países del mundo por su robusta economía. Luego reconoció su fallido pronóstico sin poder explicar su razón. El desconcierto fue tal, que otro Premio Nobel, Simon Kuznetz, estableció cuatro clases de países: desarrollados, subdesarrollados, Japón y la Argentina por sus respectivos ascenso y descenso. Antiguamente los imperios se fundaban en las conquistas; eran grandes por sus territorios o colonias. Luego los pueblos crecieron por la riqueza de la tierra y su comercialización. Einstein vaticinó que “los imperios del futuro se construirán sobre el conocimiento.” La Argentina permaneció en el estadio de la tierra, siendo que Belgrano ya advertía a fines del siglo XVIII que sin ilustración y comercio, sin industrias ni escuelas, el nuestro “será un país miserable y desgraciado”; con sólo los “frutos del país” gozaremos de una “fugaz primavera”, decía.

Alejandro Bunge, advirtió como economista desde 1914 que “nuestra política económica es una dócil sumisión a las grandes potencias, que nos compran materia prima barata y nos venden artículos manufacturados caros (…) necesitamos de la química, la física, las matemáticas, las ingenierías (…) conocimientos de todos los órdenes.” Nuestro Premio Nobel Bernardo Houssay insistía en el valor del conocimiento: “Los países latinoamericanos son aún atrasados en este terreno” (1934); “no vivamos en el error de creer que somos el granero del mundo; sin un rápido desarrollo científico, viviremos pobres” (1960); “ahora exportamos científicos” (1966). Argentinos visionarios que entendieron que el crecimiento que se expandió tras la Segunda Guerra fue por el conocimiento innovador: en Occidente, Estados Unidos y Alemania; en Asia, continente pobre, Japón llegó a ser la segunda economía del mundo; los “tigres” (Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, Taiwán) salieron del subdesarrollo; China superó recientemente a Japón como segunda economía; la India y otros países siguen el mismo camino.

Camino indicado por la OCDE en 1963, cuando definió la Investigación y Desarrollo (I+D) como indicador clave del crecimiento económico: se trata del proceso innovador que a través de la investigación obtiene conocimientos trasferibles a la industria para desarrollar nuevos productos, valor agregado, riqueza. Los países que más invierten en I+D tienen elevado nivel de vida; los que invierten menos del 1% del PBI tienen economías débiles; las naciones avanzadas se acercan al 3% y algo más; la media latinoamericana es de 0,70%; la argentina: 0,63%, menor que la media. Las empresas de países desarrollados financian del 50 al 75% de la I+D, mientras las nuestras sólo aportan el 21% del total. La industria nacional no demanda conocimientos pues está protegida con altos aranceles. El Banco Mundial criticó “la muy baja inversión de las empresas argentinas en I+D, su escasa cultura innovadora.” La relación universidad-empresas es casi inexistente. Los “tigres asiáticos” son el ejemplo más elocuente. Movilizados por el ascenso de Japón y siendo subdesarrollados, ubicaron sus economías entre las primeras del mundo. El crecimiento de sus PBI (1960-2017) fue, según el país, de 2.675% a 5.600% (promedio anual: 6,1 a 7,43%). El PBI argentino creció en ese período 298% (promedio anual: 2,61%).

EL PROYECTO PARA SUPERAR LA CRISIS 
La crisis económica actual es continuidad de un problema irresuelto desde hace décadas. La razón subyacente es la insolvencia financiera de nuestra economía: el Estado gasta más de lo que ingresa y enfrenta el déficit fiscal con: 1) Presión tributaria: es récord en América Latina, con una altísima evasión (35% del PBI) por la magnitud del sector informal. 2) Deuda: algunos la llaman “perpetua”; recordemos la ironía de Sarmiento sobre “los grandes deudores del Sud”, o a Avellaneda cuando decía que el crédito de la nación (la fe del mundo en nosotros) es tan importante como el Himno y la Bandera; quebrada esa fe –como ocurrió con el default 2001– la crisis de confianza sobrevive. 3) Emisión monetaria descontrolada: nos generó inflación recurrente que culminó en hiperinflación. La Fundación SALES, estudiosa de estos temas desde su creación hace 42 años, presentó un proyecto al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva para que la Argentina implemente una economía del conocimiento con inversión en I+D. Invitó a participar del proyecto a la Fundación Bunge y Born, por su trayectoria en favor de la ciencia, y a la Fundación ICBC (del Banco ICBC, de China) cuyo objetivo es contribuir al desarrollo del comercio exterior a través de 450 empresas que alberga en 72 consorcios de exportación. El ministro de Ciencia, Lino Barañao, aprobó el proyecto y firmó un Convenio con las mencionadas fundaciones.

Inicialmente el proyecto propondrá al Banco ICBC una experiencia piloto, consistente en el otorgamiento de créditos a la innovación, para las empresas exportadoras que alberga en su Fundación. Algunas ya invirtieron en I+D con resultados satisfactorios. Pero otras requieren financiamiento que los bancos no suelen dar por el riesgo que supone. Para ello el Ministerio de Ciencia –hoy Secretaría de Estado– organizará un Fondo de Garantía que ampare dichos créditos, con partidas que se efectivizarán cuando haya incobrabilidad. La Secretaría de Ciencia dispone de evaluadores experimentados que seleccionarán los proyectos de I+D, priorizándose aquellos que apunten a lograr exportaciones no tradicionales, sin historia, de alto valor agregado. Las innovaciones se protegerán con asistencia de profesionales en propiedad industrial. Esta experiencia piloto se podrá extender a otros bancos y a más empresas. Se busca no depender del financiamiento público o externo, hoy muy limitado, siendo que los bancos argentinos están sólidos y la tasa de interés con un Fondo de Garantía es muy inferior a las habituales. El proyecto promoverá empresas argentinas, de acuerdo a la Ley 24.467 de la Pequeña y Mediana Empresa, que apunta a estimular su crecimiento facilitando el acceso al crédito, con bajo interés por la presencia de fondos de garantías o Sociedades de Garantía Recíproca que establece esta ley. Es importante no priorizar sólo la búsqueda de empresas inversoras extranjeras, pues ellas desarrollan la I+D en sus casas matrices y en definitiva nos venden tecnologías. Debe priorizarse la I+D local, con patentes y regalías que se vuelquen al país a través de las exportaciones.

Desde aquella revolución o “fugaz primavera”, al decir de Belgrano, no se generó un proceso creador para crecer. Este proyecto lo propone.

 Revista Criterio, 2019